Iglesia de Santo Domingo

La tradición sitúa en este emplazamiento la otra de las dos mezquitas que tuvo Mula en época musulmana y tras la conquista cristiana fue consagrada a Santo Domingo de Guzmán. Pero nada nos recuerda a lo que debió ser la iglesia medieval, ya que tanto la portada de piedra de la fachada sur como la disposición de la planta, condicionada por las irregularidades de la ladera en la que se asienta, pertenecen a las remodelaciones del siglo XVI.

La portada está hecha con travertino rojo de la Almagra y responde a esquemas renacentista. Forma un arco de triunfo flanqueado por columnas jónicas que sustentan un arquitrabe en el que se lee que 1557 fue el año de inicio de estas obras. En la parte superior tres hornacinas resguardan las imágenes de Santo Domingo, en el centro San Pedro y San Francisco.

Ya dentro del templo accedemos a la única nave que compone el edifico y cambiamos los dogmatismos renacentistas de la fachada por los derroches decorativos del barroco. Eran normales estas adaptaciones a las nuevas modas arquitectónicas, sobre todo en épocas de resurgimiento económico. La bóveda de esta única nave está sustentada por gruesas pilastras corintias que permiten abrir entre ellas las capillas laterales.

No fue posible, como seguramente debió preverse, abrir un crucero porque los desniveles de la montaña no lo permitían, pero lo que sí se llevó a cabo fue la construcción de una nueva capilla a los pies de la Iglesia dedicada a la Virgen del Rosario.

La orden dominica impulsó la devoción a la Virgen del Rosario, lo pues  causó el que se dedicase una capilla a esta advocación en prácticamente todas las iglesias dedicadas a Santo Domingo. Comenzó a construirse entrono a 1740 y para ello fue necesario eliminar la torre del XVI que había existido a los pies del edificio y que debió tener un aspecto similar a la que se conserva en el Convento de la Encarnación. La capilla es un pequeño templo con planta de cruz griega cubierta por una cúpula sobre pecinas en las que aparecen representados santos de la orden dominica. Los paramentos están enmarcados con los típicos azuletes barrocos restaurados tras el incendio que sufrió la capilla en 1971. No menos interesantes son la imaginería, las pinturas y parte del ajuar litúrgico que contiene esta iglesia. Tras la Guerra Civil se dotó de nuevo a las capillas de imágenes procesionales realizadas por artistas de primera fila seguidores de Francisco Salzillo que las realizaron en la década de los 40. Entre ellas destacan la Flagelación y la imagen de Santo Domingo que preside el altar mayor, obras de González Moreno, y la Inmaculada, San José y la “La Virgen de la Piedra” realizados por Sánchez Lozano.

En el altar mayor, a modo de retablo y sustituyendo el anterior, se disponen una serie de cuadros entre los que destacan dos lienzos de mitad de siglo XVII del pintor valenciano Mateo Gilarte que representan la Adoración de los Reyes y la Huída de Egipto. Destaca también el cuadro pintado por el pintor murciano Joaquín Campos y que nos habla de la tradición de la Cofradía de animeros que existió en esta Parroquia.

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